Entre las nubes los alces
que a veces tenían alas.
Sumadas sus ganas
con las que los peces tienen por nadar,
mi pequeña se cayó al río.
Sin cruzar nada,
gritó junto a varias piedras.
Una de ellas la escuchó
pero su poderosa fricción no dejó que soltara
la tierra y volviéndose terrón rocoso en desgrano,
disolviose para ayudarla.
Ella agarró sus puñados, fríos como siempre
y ahora mojados poniendo un pié y otro pié.
Supo sostener el descuelgue que el agua mecía
y rodando el canto a la piedra.
suspiraba en la arena sequita después.
Luego de largas sacudidas
la piedra juntó y pegó sus trozos
con mercurio que secaba al sol.
Mi pequeña lloró a salvo,
como hacen los niños,
la piedra le dió un pedacito,
mi pequeña se lo llevó.
muy buenos poemas, siempre tuviste facilidad para escribir y se nota. me encantan.
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