sábado, 28 de enero de 2012

no podía despejar

Azulejaba un rayo de sol
que crecía la vislumbre entre las piedras.


Entre todas lo encandilaron.

Brillaba mas que la espuma 
pero no podía despejar,
ni siquiera despertarse y mirar.


Su parpadear era lento y confuso
como en todas las mañanas.


Sanos paseaban sus primeros pensares,
sus gustos repentinos
y por supuesto, sus nuevos asombros.

Endurecía un frío potente,
fijante y sigue latente:
"mira, acá, si me tocás,
las plumas no se notan ya.
solo quedan cabos sueltos
los otros los olvidé en el mar".

Ni un poco se enfureció
pero se le frunció la boca.


Contó despacio el espacio entre sus dedos 
y cuando faltaba uno por temperar,
sintió aplacado en en su palma
dos hongos nevados que crecían detrás

Pensó en la maravillosa naturaleza


desnudó sus dientes un "buen día"
y un "¡mira que encontré acá!"




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